Yo no soy de pueblo. Soy de Valladolid, pero soy hija de migrantes rurales que fueron a la ciudad en busca de oportunidades. Y es que las personas nos asentamos en aquellos lugares donde consideramos que hay mejores condiciones para aprovechar los recursos del entorno y obtener bienestar social. Entre esa peña, mis padres.
A partir de 1960, la ciudad era una promesa de oportunidades. Se inició un proceso de modernización y crecimiento que provocó un éxodo del campo hacia las ciudades, impulsado por la atracción del estilo de vida urbano y el vertiginoso avance de la industrialización.
Cuando hice mi primer libro Valladolid con carácter, donde analizamos los rótulos de la ciudad de la ciudad, veíamos una gran selección de los años 70 y 80, consecuencia del masivo éxodo rural y el consiguiente crecimiento del comercio. En cambio, al lanzarme a mi segundo libro, dedicado a los pueblos de la provincia, sabía que el contexto era justo el contrario. Así pues, esta publicación fue todo un reto y para mi sorpresa encontramos grandes joyas. Quizá no tanto desde un carácter formal, sino letras más humildes que, de igual modo, conforman nuestra memoria colectiva y nos cuentan muchas historias.
Historias que tienen que ver con la mía y con la de muchos.
Mi pueblo paterno es Villavicencio de los Caballeros y mi pueblo materno es Curiel de Duero, éste tiene un castillo que durante años fue una ruina, y a sus faldas pasé muchos veranos de mi infancia: en bici con mis primos, arriba y abajo, tramando aventuras por las eras, los huertos o las cuevas.
Soy de una generación que, siendo de ciudad, mantiene un vínculo profundo con el mundo rural.
Creo que por eso le he puesto tanto cariño a este libro y el próximo martes, 10 de febrero, quiero invitarte a la presentación-celebración del mismo, que tendrá lugar en la Librería Sandoval (Plaza del Salvador). Nos juntaremos el equipo al completo: José Ignacio Gil, Miriam Chacón y Carlos de Miguel, contaremos algunas de estas historias. ¡Te esperamos!


