El objetivo del diseño es facilitar el acceso a la información. Los mensajes, imágenes e ideas que lanzamos en nuestros proyectos publicitarios influyen en la sociedad. Los logotipos, rótulos y carteles forman parte del espacio público, un lugar que es de todas y de todos. Nuestros diseños viven en un contexto socio-cultural determinado, conviven con personas diversas y pueden ofender a determinados colectivos.
Cierto es que la publicidad ha sido una de las grandes culpables de la construcción de estereotipos y de estructuras sociales opresoras que fomentan la desigualdad, estableciendo un punto de vista único y definiendo lo que es «lo normal». Sin embargo, también puede conseguir configurar nuevos patrones, despertar conciencias e impulsar la transformación social ← Y ahí quiero estar.
Estar al corriente de determinados conflictos, afectos y sensibilidades es una tarea indispensable. Tenemos que vincular la práctica del diseño gráfico con enfoques feministas, antirracistas y anticapacitistas. Analicemos nuestros propios prejuicios y privilegios para así representar formas más plurales. Ya no podemos permanecer impasibles ante el sexismo y las perspectivas androcéntricas que aún persisten en la creación de nuestra cotidianidad y que dan lugar a situaciones de fragilidad, de victimización y de desigualdad.
Nuestros diseños además de cumplir las expectativas del consumidor, cliente o usuario, deben generar satisfacción.
Cuánta razón tiene Raquel Pelta cuando dice:
El diseño tiene la responsabilidad de cuidar.
Un diseño que cuida es preocuparse por el bienestar de las personas y actuar de manera responsable y respetuosa con ellas y con su entorno.
Estoy totalmente de acuerdo. ¡Cuidémonos!


